miércoles, 5 de febrero de 2014

Opinión. El Calambur de Quevedo.



La palabra es tal vez la mayor invención del ser humano, es la prueba de inteligencia, es a la vez un instrumento y un arma que permite construir o dañar. Hay quienes usan las palabras para insultar, incluso, de manera cobarde amparados por el anonimato y la impunidad. Es fácil regarse en improperios a través de un correo y regodearse en argumentos débiles en sí mismos matizados de vulgaridades y acusaciones. Eso no demuestra nada, salvo que el autor, ignorando los derechos de las personas, se rebaja al nivel de “spam.” Siempre he admirado a los disidentes e irreverentes, que son distintos a los payasos y fantoches. Los primeros son capaces de decir verdades en la cara y a gusto de los ofendidos. Recuerdo a Quevedo, escritor español del Siglo XVI quien vivía bajo el régimen de la Reina Juana la Coja. Quevedo, contrario a las políticas de la Reina y buscando molestarla, escribió el calambur que bien le había podido costar la vida o el destierro, pero por el contrario, le hizo ganar admiración y reconocimiento. Dicho calambur rezaba: “Entre el clavel y la rosa, la reina es-coja.” Mientras la Reina agradecía el verso la gente se reía. Eso si es irreverencia y denuncia, lo demás es grosería.

Gustavo Laverde Sánchez.
Director Centro de Investigación Institucional - CINI.

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