viernes, 12 de abril de 2013

Opinión. Fugaz retrato urbano.



Lo llaman despectivamente “Ñero” o “Desechable”. Cuando la gente lo ve acercarse cambia de acera por miedo a que la atraquen o por físico asco. Para calmar el hambre, o escapar de esa realidad que lo discrimina, fuma bazuco, marihuana o mete pegante Bóxer por la boca. No lo saludan, nadie le sonríe. Recibe en cambio, día a día, el odio de una sociedad que lo rechaza y condena sin contemplaciones.”Trabaje, hij...”, “Lárguese, mal...” ,“Es que deberían matarlos a todos”. Por eso tiene que endurecer su piel sucia, gastada y ponerse una coraza en el alma; no vaya a ser que en la próxima esquina alguna persona de bien le perfore el estómago a punta de balazos. También mira con recelo y aprendió a ir a 
la ofensiva: “Hij... su madre que lo tiene tan gordito”, responde el “Ñero” antes de irse caminando lentamente hacia cualquier calle. Pero, a veces, sonríe o, espectáculo maravilloso, se caga de la risa. Lo recuerdo perfectamente hace años, un día que iba a la biblioteca Virgilio Barco. Venían arrastrando una carreta llena de basura. Eran dos. Uno más viejo que el otro. Cinco perros callejeros los acompañaban. De pronto, al pasar a mi lado, uno sacó un arma, me apuntó y disparó. La pistola era grandota, azul y de plástico. El chorro de agua me pegó en todo el pecho, entonces el “delincuente” gritó: “Oiga, güe...: ¿cierto que con esta mier... podemos robar un banco?”... Yo simplemente sonreí y seguí mi camino, mientras perros y dueños se alejaban felices de haberme jugado una pequeña broma en esa avenida solitaria de Bogotá.

(Publicado en www.elmagodetucorazon.blogspot.com)

Carlos Eduardo Rojas.
Docente CINI

Fuente: Investigación Informa.

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